lunes, 18 de julio de 2005
Una pequeña historia (parte II)
Después de avanzar algunas estaciones se dio cuenta de que entre mas avanzaba el recorrido mas se llenaba el vagón que ella abordaba, lo que provocaba que el calor dentro de este se hiciera casi insoportable para su desacostumbrado cuerpo, por lo que decidió bajar apresuradamente sin percatarse de la estación en la que se encontraba.
Rápidamente se alejo de los andenes para buscar el aire fresco que su cuerpo le exigía y que encontró pocos metros después; saciada su necesecidad de aire fresco decidió analizar el entorno donde se encontraba y vio un dibujo blanco sobre su cabeza que parecía un chorro de agua que salía del piso en que a un lado decía “salto del agua”.
A pesar de la referencia que le daba el nombre de la estación ella seguía sin la más remota idea de donde se encontraba por lo que solo siguió el paso que llevaba la mayoría de la gente esperando llegar a un lugar interesante. Llego a los torniquetes y con algo de miedo por lo que podría encontrar fuera, se aventuro a cruzarlos y salir a la calle.
Lo primero que percibió fue ese rítmico pero para ella atemorizante sonido de las salsas y las cumbias que los vendedores de discos ponen a todo volumen fuera de las estaciones del metro. Ella seguía el camino de la demás gente y mientras veía con curiosidad toda la mercancía que uno puede encontrar normalmente en la calle y que por su ingenuidad pensó que era una ganga ver mercancía de tan buena calidad a precios tan bajos por lo que se detuvo en un pequeño puesto de joyería de fantasía (que para ella no era de fantasía) y felizmente se comenzó a probar algunas de las piezas que ofrecía el puesto mientras una señora le decía con viva voz “vamos jovencita, pruébale lo que guste sin compromiso”. Vio un collar que le pareció hermoso, brillaba con gran intensidad pues los rayos del sol se reflejaban en el, teniéndolo en su mano estaba totalmente dispuesta a comprarlo y al preguntar “¿Cuánto cuesta?” y la mujer del puesto le sonrió y antes de decirle el precio del “para ella” hermosísimo collar una voz desesperada a lo lejos grito: “¡Vámonos ahí vienen los granaderos! La mujer sin pensarlo dos veces recogió todo a una velocidad impresionante y desapareció en el caos que estaban provocando todos los vendedores. Stephany se quedo con el collar en la mano sin oportunidad de detener a la señora por la impresión que le dio el grito, esperó un momento y al sentir los empujones de los comerciantes que huían volteó a ver hacia la dirección de donde huían y vio un desplegado de policías que arrojaban bombas de humo y repartían golpes con macana en mano a todo aquel que se les pusiera enfrente, la pobre Stephany sintió un escalofrió como nunca antes en su vida y….
Rápidamente se alejo de los andenes para buscar el aire fresco que su cuerpo le exigía y que encontró pocos metros después; saciada su necesecidad de aire fresco decidió analizar el entorno donde se encontraba y vio un dibujo blanco sobre su cabeza que parecía un chorro de agua que salía del piso en que a un lado decía “salto del agua”.
A pesar de la referencia que le daba el nombre de la estación ella seguía sin la más remota idea de donde se encontraba por lo que solo siguió el paso que llevaba la mayoría de la gente esperando llegar a un lugar interesante. Llego a los torniquetes y con algo de miedo por lo que podría encontrar fuera, se aventuro a cruzarlos y salir a la calle.
Lo primero que percibió fue ese rítmico pero para ella atemorizante sonido de las salsas y las cumbias que los vendedores de discos ponen a todo volumen fuera de las estaciones del metro. Ella seguía el camino de la demás gente y mientras veía con curiosidad toda la mercancía que uno puede encontrar normalmente en la calle y que por su ingenuidad pensó que era una ganga ver mercancía de tan buena calidad a precios tan bajos por lo que se detuvo en un pequeño puesto de joyería de fantasía (que para ella no era de fantasía) y felizmente se comenzó a probar algunas de las piezas que ofrecía el puesto mientras una señora le decía con viva voz “vamos jovencita, pruébale lo que guste sin compromiso”. Vio un collar que le pareció hermoso, brillaba con gran intensidad pues los rayos del sol se reflejaban en el, teniéndolo en su mano estaba totalmente dispuesta a comprarlo y al preguntar “¿Cuánto cuesta?” y la mujer del puesto le sonrió y antes de decirle el precio del “para ella” hermosísimo collar una voz desesperada a lo lejos grito: “¡Vámonos ahí vienen los granaderos! La mujer sin pensarlo dos veces recogió todo a una velocidad impresionante y desapareció en el caos que estaban provocando todos los vendedores. Stephany se quedo con el collar en la mano sin oportunidad de detener a la señora por la impresión que le dio el grito, esperó un momento y al sentir los empujones de los comerciantes que huían volteó a ver hacia la dirección de donde huían y vio un desplegado de policías que arrojaban bombas de humo y repartían golpes con macana en mano a todo aquel que se les pusiera enfrente, la pobre Stephany sintió un escalofrió como nunca antes en su vida y….

